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López Obrador versus López Obrador

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EXCELSIOR Por: José Elías Romero Apis 17/08/12

La otra noche soñé a Andrés Manuel López Obrador. Se encontraba enfrascado en una discusión muy ríspida con otro individuo. Aunque no recuerdo el tema de su disputa, el tono era creciente y el ademán anunciaba que terminarían a golpes. En eso, la mirada me permitió ver que su adversario  era, ni más ni menos,…¡Andrés Manuel López Obrador!

Cuando desperté sonreí conmigo mismo pero, ya en la ducha, advertí que mi onirismo no tenía nada de absurdo. Por el contrario, no es insólito que el peor enemigo de un político sea él mismo, pero nos resistimos a creer que un hombre inteligente y experimentado pueda aplicarse a su propia destrucción.

Yo no conozco a AMLO y no recuerdo, siquiera, haberlo saludado. Pero he leído y me han contado de la aplicación con la que ha trabajado en sus dos campañas presidenciales. Su constancia, su voluntad y su tenacidad casi rayan en una terquedad incansable e indomable que es todo un mérito político irregateable. Con ello logró 14.7 y 15.9 millones de votos en las dos más recientes elecciones.

Estos números lo hacen el mejor segundo lugar electoral histórico. Con esto no estoy diciendo una guasa burlona sino señalando que, con esos segundos lugares, ha logrado las únicas ocasiones en que el PRD ha vencido al PRI, en 2006 y al PAN, en 2012. Esto no es un mérito menor sino que es la valía de haber sacado a su partido de los sótanos de la tercera fuerza.

Pero así como en dos ocasiones lo hemos visto dedicarse seis largos años a construir un sólido patrimonio político, en dos ocasiones lo hemos visto dilapidarlo en tan sólo seis semanas. Así como los nuevos ricos no saben qué hacer con su dinero, este político, que podría haber capitalizado lo que representa como oposición respetable ser la segunda fuerza nacional de un país tan grande, que tiene el gafete de casi 31 millones de votos en dos elecciones y que podría mantenerse como el líder indiscutible de la izquierda mexicana, por una extraña fuerza se ha impulsado a prodigar su capital político y a quedar, nuevamente, cerca de la miseria cratológica.

Me ha quedado en claro que nadie lo ataca ni lo desprestigia ni lo evidencia ni lo ridiculiza más de lo que él hace contra sí mismo.

Su discurso, con cierta frecuencia es incongruente. Sus enojos suelen aparecer como berrinches pueriles. Sus pretensiones en ocasiones son ilógicas. Sus posicionamientos se arriesgan a ser ridículos.

Decía, al principio, que esto no es insólito y traigo un ejemplo. El peor enemigo de Díaz Ordaz fue Díaz Ordaz. Yo no soy diazordacista y antes sería lo contrario. Pero reconozco que el poblano pudo haber pasado a la historia como el discreto continuador de la monumental obra de López Mateos. En estricto rigor no existió un plan de gobierno diazdordacista ni una política diazordacista. La suya fue la lopezmateísta. Pero el único día, el único de los dos mil 190  que dura un sexenio en el que siguió su propio camino, fue el de su catástrofe. Por eso Díaz Ordaz puede ser descrito como un presidente que tuvo un buen sexenio pero un mal día.

Esto demuestra que él mismo fue su peor enemigo. Su temperamento visceral, su intolerancia proverbial y su retorcido sentido del poder se impusieron a su fuerte personalidad, a su poderosa inteligencia y a su reconocida lealtad. 

Desde luego, también hay quienes capitalizan hasta sus más pequeños logros. Como decía un amigo, con un pandero tocan una sinfonía. Que han vivido toda una vida gozosa con los réditos de una diputación, un discurso o una frase.

Pero todo ello puede acosar, también, a los hombres comunes y no tan sólo a los famosos. Quizá, por eso, cuando salí de la ducha pensé en que no todo lo que sucede en nuestras vidas es culpa de los otros. Es cierto que algunos nos han estorbado el camino, nos han impedido el paso o nos han arrebatado lo nuestro. Pero es igualmente cierto que nosotros mismos, en otras ocasiones, nos confundimos, nos tropezamos o nos extraviamos.

De esa manera, mucho de lo que la vida nos ha regateado es por díscola pero otro mucho es porque nosotros no lo perseguimos o no lo capturamos. Lo más importante es que no desperdiciemos la vida ni en lamentarnos de lo que nos hicieron ni en arrepentirnos de lo que nos hicimos. Estoy convencido de que sólo la claridad de la propia consciencia nos lleva a la paz.

Yo no sé cómo fue la autoevaluación final de Díaz Ordaz. Pero tengo la impresión de que siempre culpó a sus colaboradores, sus fantasmas y su pueblo. Que nunca creyó en su discurso de que él era “el único responsable”. De la misma manera, creo que AMLO siempre busca un culpable. Calderón, Peña Nieto, el IFE, el dinero, las televisoras, los supermercados, “la chachalaca”, “el innombrable” y todo lo que la ocurrencia le surte. El siguiente será, desde luego, el Tribunal Electoral.  

Ya a bordo del automóvil, escribí estas notas para recordar mi sueño y compartirlo con ustedes.

Político y abogado.  

        Presidente de la Academia Nacional, A. C.

 

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Fuente: TLALPAN.info

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