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“Había una vez un Gobierno Democrático…”, el cuento de Felipe Calderón

“Había una vez un Gobierno Democrático… era tan democrático, pero tan democrático que todos participaban en las decisiones del gobierno -porque era democrático-, y todos fueron felices y comieron perdices. Fin”. Felipe Calderón presumió sus cuantiosos, loables, perínclitos y siempre bien ponderados logros democráticos, frente a unos diez mil burócratas democráticos, que aplaudieron democráticamente al presidente democrático. El acto democrático se llamó “Un gobierno democrático que rinde cuentas” y ensalzó su figura democrática, unas horas antes de la veda electoral democrática; su esposa democrática le mando besos democráticos y algunos lloraron por la emoción de tanta democracia.

El presidente democrático sentenció que la violencia -democrática- en México no se originó por la intervención de su administración -democrática-, sino porque los gobiernos anteriores -antidemocráticos- no habían realizado acciones en contra de la inseguridad -democrática-. “Hay quien piensa que si el gobierno no hubiera intervenido, esto no hubiera pasado; esto nos pasó porque el gobierno no intervenía.”, afirmó contundente el democrático mandatario.

De acuerdo con el presidente democrático, sin su democrática intervención, una parte del territorio nacional -democrático- estaría dominada por capos -antidemocráticos- y para el próximo sexenio -¿democrático?- hubiera sido tarde -como si actualmente una parte del territorio nacional democrático no estuviera dominada por capos antidemocráticos-. Sí, gracias al presidente democrático, las instituciones -democráticas- estarían completamente infiltradas por los delincuentes -antidemocráticos- y la sociedad -democrática- estaría arrodillada frente a los criminales -supongo que actualmente las instituciones democráticas sólo están medio infiltradas y nosotros sólo estamos empinados, democráticamente, eso sí-.

El presidente democrático aseguró que mienten quienes afirman que ha crecido la pobreza -democráticamente- en este periodo -democrático- y aseveró que se ha consolidado a México como una economía sólida y estable -y, supongo, democrática-. De hecho este país democrático es tan bueno que la inversión extranjera -democrática- que llega a México -democrático- es de 115 mil millones de dólares. Y aseguró que “poco a poco nuestro país se va convirtiendo en una sociedad de clase media” -democrática-.

En materia de derechos humanos -democráticos-, el presidente democrático enfatizó los logros en reformas democráticas: “Fue ahora cuando se despenalizó la inmigración, incluso de quienes transitan por nuestro país” -el presidente democrático olvidó el trato inhumano (democrático) a los inmigrantes que transitan por nuestro democrático país-.

Afirmó que “nunca en la historia moderna de México ha habido tanta libertad para insultar y calumniar a un presidente” y agregó: “En esta administración hemos sido profundamente respetuosos de la libertad de expresión y manifestación” -el presidente democrático olvidó que en su sexenio el asesinato democrático de periodistas está a la orden del día y que ejercer la libertad de expresión democrática se ha convertido en una sentencia de muerte democrática-.

El presidente democrático siguió presumiendo sus preclaros logros democráticos, como el derecho a la salud, a todas vistas democrático, o la transformación profunda -y, claro, democrática- en la educación, durante aproximadamente 101 minutos democráticos. De acuerdo con el presidente democrático: “México es mejor de lo que era hace seis años”, y afirmó: “He actuado con la confianza de lo que el deber me indicó y pensando en el bien de México”. En la arenga democrática expresó que a pesar de las adversidades democráticas servir al país “más que una carga, es un honor que no tengo con qué pagar”, lo cual le granjeó una ovación democrática del democrático público asistente.

¿A poco no es el cuento más democrático que han escuchado por siempre jamás?

Imagen: Animal Político

Fuente: Vivir México

  

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