A pesar de Elba Esther Gordillo, todavía hay buenos maestros

La calidad de la educación en México es un tema que sirve muy bien en los discursos para negociar posiciones, pero que se olvida en las aulas. Y lo digo por Elba Esther Gordillo, que si algo ha demostrado en tantos años, es esa habilidad para obtener beneficios personales a costa de la formación de los estudiantes. Hoy es Día del Maestro. Es una pena que esta noble celebración se vea empañada por eso que hace un sector del gremio y que tan mala fama le ha dado en los últimos tiempos. Por fortuna, hay de maestros a maestros, y hay muchos que no sólo merecen la celebración, sino el reconocimiento de quienes tuvimos la fortuna de contar con ellos en un salón de clases.
El Día del Maestro
Rastreando el origen de la historia sobre el Día del Maestro, encontré un par de versiones. En una se señala que en la capital Potosina, a principios del siglo pasado, un grupo de jóvenes se reunía, año con año, para celebrar el onomástico de uno de sus más queridos y viejos maestros llamado Isidro. El 15 de Mayo es día de San Isidro Labrador, de conformidad con el santoral religioso. Se sugiere que, de alguna forma, el núcleo potosino influyó para fijar dicha fecha como la dedicada a todos los maestros de México, quienes también siembran ideas.
Otros dicen que fue porque el 15 de mayo se conmemora la toma de Querétaro, cuando el general Mariano Escobedo recibió de manos de Maximiliano de Habsburgo su espada en señal de rendición -aunque yo no entiendo qué relación hay entre la toma de Querétaro con los maestros-. También dicen que tiene relación con el día que Juan Bautista de La Salle fue declarado patrono especial de todos los educadores de la infancia y de la juventud y Patrono universal de los educadores por el papa Pío XII. Pero eso sucedió en 1950, muchos años después de que el día quedó instituído en nuestro país.
Más allá del mito de origen, las versiones coinciden en algo: fue Venustiano Carranza quien firmó el decreto que declara a este día como el Día del Maestro. Cuando se instaló la XXVII Legislatura del Congreso de la Unión, los diputados Basilio Vadillo, Adolfo Cienfuegos y Camus, Jesús Ibarra, Candor Guajardo, Benito Ramírez García y Enrique Viesca Lobatón -unas versiones dicen que sólo fueron los últimos dos-, promovieron la instauración de la celebración, presentando la iniciativa y proponiendo que fuera el día 15 de mayo -no se dijo por qué, tal vez, sólo les gustaba el día-. La primera conmemoración del Día del Maestro en México fue el 15 de Mayo de 1918.
Como aporte adicional al breviario cultural, el Día del Maestro se celebra en distintas fechas en otros países.
La educación paralizada
Hace un año, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reprobó a los maestros mexicanos en su desempeño y señaló un culpable directo: la intervención de los sindicatos —en este caso, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE)— en la creación y aplicación de políticas públicas de educación.
Para nadie es un secreto lo que la mafia sindical, presidida por Elba Esther Gordillo, le ha hecho a la educación del país. Al respecto, expertos en la relación del sindicato magisterial y el gobierno federal, a través de la Secretaría de Educación Pública, de distintas instituciones, coinciden: el SNTE se va acercar al gobierno en turno, porque siempre se ubica del lado del ganador, mientras en la educación que viven por momentos una “especie de parálisis” se advierten los costos “onerosos, ilegítimos e ineficientes” de una Alianza por la Calidad de la Educación que no funcionó.
En su discurso del día de hoy, Elba Esther Gordillo le respondió -sin hacerlo explícito- a Josefina Vázquez Mota, quien días atrás la acusó de chantajear para suspender la evaluación universal. La líder sindical advirtió que la evaluación universal será un hecho y agregó:
Nuestra responsabilidad con los niños, con usted. Perdón. Con usted, con los niños, con el pueblo de México, dista mucho de ser un chantaje o el pretexto para aferrarnos a posiciones que como todo, tendrán que llegar a su fin. Chantajes sí es, en cambio, adjudicarse realizaciones que nunca se percibieron, ni se imaginaron, ni mucho menos intentaron concretar. Chantaje sí, producto de ambiciones mezquinas. Chantaje, al fin, que será derrotado, sin duda, cuando la historia y la verdad prevalezcan.
En sus palabras se muestra que si algo tiene la señora Gordillo es la capacidad de darle la vuelta a todos para perpetuar su coto de poder -que es mucho-. Es una pena que buena parte de la educación del país esté en manos de una persona así.
No todos son iguales
Pero no todos los maestros son iguales. Por fortuna, me he topado en las aulas con personas ejemplares que se distinguen por su dedicación y esfuerzo en la dura tarea de educar. Y es que estar al frente de un grupo no es fácil. En su momento, tuve la oportunidad de impartir clases y no sé quiénes sufrieron más, si mis alumnos o yo. Supongo que yo, por eso me alejé de la actividad docente. En cambio, conozco a muchos que no sólo lo hacen con gusto y bien, sino que viven para ello. Desde la primaria hasta la maestría tuve la fortuna de contar con excelentes profesores que supieron dejar en mí ideas, conceptos, vivencias que me han hecho alguien mejor o, por lo menos, más preparada. Varios se convirtieron en amigos, entrañables amigos a los que ahora veo con gusto y agradezco su paciencia y entrega.
No son los únicos, por fortuna. Aunque no fui su alumna, tengo amigos que se desempeñan en el ámbito docente y a quienes veo comprometidos seriamente con su labor. Otros, los que tuvieron que dejar las aulas -ya saben, las malas condiciones laborales no pueden ser soportadas por muchos-, recuerdan este día con cierta nostalgia y ven cómo trascendieron en la vida de algunos cuantos. Y quiero creer que hay muchos más, héroes desconocidos de la educación en nuestro país.
La labor docente es una de las más nobles y más ingratas. Es una pena que muchos la prostituyan. Pero es un alivio ver que siguen existiendo esos otros, sin quienes nuestra formación no hubiera sido posible. Los que ya murieron, siguen presentes por sus enseñanzas a tantas y tantas generaciones. A todos ellos, gracias. A falta de manzana, les dejo mis letras, que son simples y chiquitas, pero no hubiera podido escribirlas sin ellos.
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