Por: Ricardo Flores
En 1962 Servando González Hernández dio nacimiento a su opera prima: “Yanco”. Ésta, debido a que se creó fuera del sindicato de cineastas fue vetada, sin embargo, eso no impidió que se proyectara en el extranjero, lo cual lo condujo a recibir numerosos premios internacionales.
El filme básicamente lo financió el cineasta, y sus intereses fueron meramente personales, nunca se interesó por el pueblo que dio vida a su obra. González Hernández fue un hombre por demás polémico, él filmó la masacre del 2 de octubre de 1968 y nunca se atrevió a declarar para que los responsables de ese acto pagaran su culpa. “Yanco” se realizó antes de ese año, pero es una muestra de su carácter individualista.
Lo que Servando quiso transmitir en “Yanco” era una cosa: la ignorancia de un pueblo. Incluso él al referirse a los pueblos en que filmó (Mixquic, Chalco, Tecómitl, Xochimilco, entre otros) lo hiso despectivamente diciendo que “eran lo mismo”, igual de ignorantes y que incluso él tenía que quitarse los piojos que se le pegaban.
La drama de Yanco es la de un niño que aprende a tocar el violín gracias a que un anciano de su pueblo le enseñó, pero ninguna persona de la comunidad lo supo, de tal suerte que cuando muere el violinista su violín es llevado a una tienda. El niño al verlo en dicho comercio lo toma prestado por las noches para tocar las melodías que aprendió del viejo. La gente del pueblo se espanta porque creen que es el alma del anciano. En una noche de tantas, durante una ceremonia religiosa toda la comunidad escucha el sonido del violín, las mujeres gritan y los hombres corren a sus casas por trinchetes, palos, antorchas… y corren hacia donde viene el sonido. El niño toca el violín y no se da cuenta que el pedazo de chinampa en el que él se encontraba se desprende y es llevado por la corriente de agua hacia un remolino, sin tener tiempo para reaccionar es tragado por el agua. Es justo en este momento cuando la gente del pueblo llega y sólo ven al violín dando vueltas y unos segundos después también es tragado por el agua.
Según González Hernández esa es la prueba de la ignorancia, cuando la multitud se amotina sin razonamiento alguno y se deja llevar por sus supersticiones, por falsas ideologías, tabúes, e ignorancia. Obviamente, “Yanco” es mucho más que eso.
El filme nos muestra la cosmovisión de una comunidad. “Yanco” es una síntesis de la relación entre el hombre y la naturaleza, y el producto de ambos como un medio de convivencia es la música.
Las notas emitidas por el violín no son fáciles de comprender y conducen a una sobre interpretación, causa confusión, extrañamiento, angustia. En esto radica la particularidad del filme, que una creación musical respetada y admirada en la cultura occidental no lo es para una cultura de origen mesoamericano.
“Yanco” nos muestra dos visiones del mundo, dos concepciones que al momento de coexistir en un sólo espacio dan por resultado un mito.
En “Yanco” ambos elementos conviven, pero sus protagonistas no logran comprender que pueden coexistir dos mundos, ven con extrañeza lo ajeno y la explicación que buscan necesariamente tiene que hacerse en grupo. La muerte del niño violinista hace patente que en México los mitos tienen un sustento real, con protagonistas igual de humanos que todos, que tienen una vida y sentimientos, pero cuya existencia en un mundo de una idea distinta los mitifica. “Yanco” en este sentido nos hace evidente la concepción supranatural que existe en el mexicano. La música, como elemento integrador en el filme esbozado es, ciertamente, su característica.
Vive en la música y en la armonía de la naturaleza. El ojo de agua del que nacen ondas mientras se escucha un sonido en el inicio del filme nos anticipa el contenido de éste.
El croar de las ranas, el cantar de las aves, el sonido del agua se silencian para que un violín tocado por un niño llene el espacio que ellos le han cedido. Se trata de un diálogo necesario para alcanzar la plenitud.
Servando González en esta obra nos hace evidente su sensibilidad perceptiva y sobre todo nos muestra la aparente ignorancia de los hombres ante un fenómeno extraño en una sociedad y el mito que origina el protagonista de dicho cambio.
De esta manera la conclusión del filme es, en realidad, el inicio de un mito que se mueve en los ámbitos de la oralidad y la imaginación, que más allá de una simplificación se trata del motor de una sociedad, pues finalmente ¿en qué está fundamentada y justificada la cotidianidad humana?, ¿qué le da sentido? La respuesta se encuentra tanto en la realidad como en los refugios que cada individuo se crea: como el niño violista en el viento por medio de la música, los demás humanos buscamos un “lugar” al cual se pueda acudir como un refugio.
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