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10 trucos para enseñar a un niño a desarrollar una actitud mindfulness

Muchos asocian la meditación mindfulness con los templos zen y los monjes budistas, otros piensan que es un ejercicio intelectual complicado, por lo que les resulta difícil imaginar que un niño también pueda practicar esta técnica.

Sin embargo, el mindfulness es simplemente un estado de conciencia plena, es estar plenamente presentes con los sentidos alertas pero en una actitud relajada. Y lo más interesante es que los niños ya adoptan esta actitud de manera natural, sobre todo cuando juegan, por lo que los adultos solo debemos encargarnos de potenciarla.

“La vida es un baile. El mindfulness es presenciar ese baile” —Amit Ray

3 puntos de partida para los padres

1. Practica tú primero

El mindfulness es, ante todo, una actitud, lo cual significa que debes convertirte en un ejemplo para tu hijo. Si te enfadas con frecuencia, pierdes los nervios y lo criticas todo será difícil que tu hijo desarrolle una actitud mindfulness. Por tanto, debes encontrar la manera de incorporar el mindfulness a tu vida cotidiana y meditar al menos 10 minutos al día.

2. Asegúrate de que sea simple y divertido

El mindfulness es, sobre todo, simplicidad. Mantener una actitud mindfulness no es complicado, ni siquiera es necesario intentar dejar la mente en blanco o apartar los pensamientos y sensaciones; se trata simplemente de anotar todo lo que sucede y dejarlo ir, sin aferrarse a esas emociones o ideas, limitándose a ser un observador. También es importante que el niño no se sienta obligado, si en ese momento no está interesado, no le fuerces. Recuerda que el mindfulness es algo para disfrutar.

3. Deshazte de las expectativas

Aunque algunos de los objetivos del mindfulness es aprender a relajarse y desarrollar la conciencia de las experiencias internas y externas, es importante que comprendas que cada persona vive esta práctica de manera diferente, por lo que no debes reprender a tu hijo si no ha logrado concentrarse o quedarse quieto porque así solo lograrás crear una asociación negativa.

Por otra parte, el mindfulness tampoco es una varita mágica con la que resolverás todos los problemas de comportamientos. Hay conductas infantiles normales a cierta edad, como las rabietas, el negativismo o la impaciencia, que no se solucionan por completo hasta que el niño no alcance cierto grado de madurez.

7 juegos para desarrollar una actitud mindfulness en los niños

El mindfulness mejora la concentración infantil, estimula el equilibrio emocional, facilita la introspección, les ayuda a relajarse, potencia el autocontrol y les permite desarrollar una mayor conciencia corporal.

1. Escuchar la campana

Un truco muy sencillo para que los niños pequeños practiquen la atención plena consiste en pedirles que se concentren en algo que puedan escuchar. Puedes proponérselo como un juego: te colocas de espaldas a tu hijo, a cierta distancia y, en una habitación tranquila, haces sonar suavemente diferentes instrumentos, desde una campana hasta el canto de un cuenco, y le pides al niño que intente identificarlos. La clave radica en que los primeros sonidos sean muy bajos y vayan aumentando gradualmente la intensidad, durante unos 30 segundos. También puedes utilizar sonidos relajantes que tengas en tu móvil, como el de la lluvia, las olas o el gorjeo de las aves.

2. Parte meteorológico emocional 

Este juego se puede practicar en cualquier momento y no solo estimula una actitud mindfulness sino que también potencia la inteligencia emocional. Podéis sentaros y preguntarle al niño cómo se siente en ese momento. Explícale que sus estados emocionales se parecen al estado del tiempo, lo cual significa que no puede hacer nada para cambiarlos, pero puede cambiar la manera en que se relaciona con ellos.

El pequeño debe comprender que no tiene la culpa por experimentar ciertas emociones, como la ira, el miedo o la tristeza, pero puede controlar qué hace con ellas. Podéis establecer un código para los diferentes estados emocionales: soleado, ventoso, lluvioso, tormentoso, tranquilo, terremoto, tsunami… De esta manera, el niño también aprenderá a observar su estado actual, pero sin identificarse demasiado con sus emociones, lo cual le ayudará a controlarlas mejor.

“Los sentimientos van y vienen como las nubes en un cielo ventoso. La respiración consciente es mi ancla” —Thich Nhat Hanh

3. Respirar con un peluche

Se trata de un juego muy sencillo para que los niños aprendan a respirar profunda y lentamente. Pídele que elija su peluche favorito y luego acostaros boca arriba sobre el suelo de una habitación tranquila. Explícale que debe colocar el peluche sobre su vientre y centrarse en el movimiento de este, que seguirá el de la subida y la bajada del vientre mientras respira. Cuanto más profundo respire, más se moverá su peluche, pero si lo hace suavemente, no se caerá.

4. Frasco de la calma

El frasco de la calma es, básicamente, un bote relleno de purpurina y agua diseñado para ayudar a los pequeños a aliviar la ansiedad, la irritación o la ira. Sin embargo, también es muy eficaz para promover la concentración, la atención selectiva y la actitud mindfulness. Cuando el niño se concentra en el movimiento de las pequeñas partículas dentro del frasco va liberando las tensiones y aprende a estar plenamente presente. Es una especie de meditación mindfulness adaptada a su edad.

5. De safari

Para practicar el mindfulness no es necesario encerrarse en una habitación tranquila. De hecho, un juego muy divertido consiste en dar un paseo por un lugar conocido y pedirle al niño que se fije en las cosas que nunca antes había visto. Será aún mejor si eliges un parque o un entorno natural y le animas diciéndole que os iréis “de safari”. Durante el paseo, intercalarás un minuto de silencio cada cierto tiempo para que el niño pueda concentrarse en todos los sonidos que escucha a su alrededor y descubra a los animales que le rodean.

6. Sentidos en acción

Se trata de un juego muy divertido a través del cual no solo estimularás los sentidos infantiles sino también la concentración. Solo tendrás que vendarle los ojos a tu hijo y pedirle que descubra el objeto que pones en sus manos. No podrá verlo, solo tocarlo y olerlo. Por supuesto, no hay prisas. Cuando el pequeño termine, puedes vendarte los ojos y pedirle que también te traiga objetos. No obstante, recuerda que no se trata de una competición sino simplemente de un juego para que ambos disfrutéis.

7. Lista de la gratitud

A menudo olvidada, la gratitud es un componente esencial del mindfulness. De hecho, es fundamental que le enseñes a tu hijo a sentirse agradecido por todo lo que tiene en su vida, desde las cosas más importantes hasta aquellas aparentemente insignificantes o que a veces damos por descontado. Para ello, puedes crear un ritual muy bonito en el hogar: cada vez que os sentéis a cenar, cada uno debe decir tres cosas por las que os sintáis agradecidos. Gracias a esta sencilla actividad, poco a poco el niño prestará más atención a su día a día en la búsqueda de nuevas cosas por las que sentirse agradecido.

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Fuente: muhimu

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