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¿Por qué no debemos obligar a los niños a dar un beso o un abrazo?

La escena se repite en diferentes contextos: el niño se esconde tras su madre o padre negándose rotundamente a acercarse a un desconocido, mientras el progenitor, visiblemente avergonzado, le arranca del lugar donde se sentía seguro y le obliga a saludar con un beso o un abrazo.

Los adultos creemos que esta es la manera correcta de enseñar modales a los niños y lograr que sean más cariñosos. Sin embargo, besar nunca debe ser una obligación. Debemos brindar a los niños el mismo respeto que mostramos por las decisiones y el espacio de los adultos.

Forzar a un niño a dar un beso o un abrazo no es un buen método para enseñarle modales

Es importante que los niños socialicen y aprendan a convivir con los demás. Enseñarles a saludar y a despedirse, así como a ser atentos y respetuosos, son normas básicas de cortesía que se deben inculcar desde una edad temprana. Sin embargo, si los niños no se sienten a gusto con una persona, no es necesario forzarles a que la besen o abracen.  Un apretón de manos o un simple “buenos días” debe bastar.

Cinco buenas razones por las cuales no deberías forzar a un niño a dar besos y abrazos

1. Porque para un niño, los besos y los abrazos son demostraciones de afecto auténticas

Por ello, es comprensible que se sientan incómodos y no les broten con espontaneidad ante desconocidos o personas con quien no tienen una buena relación. Para los peques, los besos y los abrazos son formas de demostrar su cariño, son actos íntimos, no sociales. Al menos hasta que crezcan y se apropien de los convencionalismos sociales, lo que suele ocurrir alrededor de los cinco años de edad.

2. Porque no debemos forzar las emociones

No hay nada mejor que un abrazo auténtico, de esos que transmiten calidez y cariño. Los abrazos obligados son fríos y distantes, congelan el alma. Forzar a los niños a dar un beso o un abrazo equivale a enseñarles que sus emociones no cuentan, por lo que es probable que más adelante tengan dificultades para expresar asertivamente sus sentimientos. Además, de esta forma también invalidamos su instinto, pues le estamos diciendo que no debe confiar en él.

3. Por respeto a su carácter

Todos los niños no son iguales, hay quienes se muestran más cariñosos con los desconocidos y otros son mucho más tímidos y les cuesta demostrar su afecto incluso con personas que conocen. La timidez no es un problema, es un rasgo de la personalidad que se puede ir atenuando con el paso del tiempo, pero no poniendo al niño en situaciones que le hacen sentir extremadamente incómodo ya que, de esta manera, le estamos transmitiendo el mensaje de que hay algo malo en él.

4. Porque le transmitimos la idea errónea de que su cuerpo no le pertenece

Y que para complacer a los demás debe ofrecer afecto físico. Al obligarle a abrazar o besar a alguien le estamos diciendo que no puede disponer de su cuerpo y decidir sobre él, lo cual puede poner al niño en una situación de riesgo ante el abuso infantil.

5. Porque no aprende a poner límites

Y a decir no cuando se sienta incómodo con alguna situación. Cada persona, incluyendo los niños, debe ser libre para decidir cómo y a quién mostrar su afecto. De hecho, a nosotros no nos gustaría que alguien nos obligase a abrazar o besar a una persona por quien no sentimos una simpatía especial. Entonces, ¿por qué forzar a los niños?

¿Qué hacer cuando los niños se niegan a dar besos y abrazos?

Jamás recurras al chantaje

Frases como “si le das un beso, te daré…” o “si no me das un beso, te querré menos” implican condicionar el amor y las muestras de cariño. De esta forma, el niño solo aprenderá a fingir el afecto y a utilizarlo como estrategia de manipulación. En cambio, el mensaje que le debe llegar es que el amor y el afecto no se compran, se brindan incondicionalmente y con espontaneidad.

Actúa con naturalidad y no le obligues

No hagas una tormenta en un vaso de agua y no permitas que otros adultos la hagan. Si tu hijo no quiere saludar con un beso o un abrazo, pídele que dé la mano o los “buenos días”.  Esta alternativa es mejor que ver después al niño limpiándose el beso, con visible disgusto, una situación que resultará mucho más incómoda para todos. El pequeño brindará demostraciones de afecto cuando esté preparado y se sienta a gusto.

Mantén una comunicación abierta y apóyale

Si la reticencia del niño ocurre solo con una persona, es importante que investigues la causa; pero para saber qué ocurre realmente tu hijo debe sentirse cómodo para hablar contigo, sabiendo que no le juzgarás. De hecho, es fundamental que siempre valides sus emociones y sentimientos, lo cual no significa permitirle rabietas y caprichos, sino enseñarle a detectar sus estados emocionales y gestionarlos de la manera más asertiva posible, sin violentar su “yo”.

Mientras tanto, hay que armarse de paciencia. La mayoría de los padres saben que los niños pasan por diferentes etapas: fases en las que dan muchísimos besos, otras en las que solo besan a los familiares más cercanos y otras en las que muestran su afecto cuando tienen ganas.

Con la edad los niños se irán adaptando a las normas sociales y acabarán saludando igual que nosotros.

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Fuente: muhimu

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