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Terapia evitaría rechazode órgano trasplantado

Científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desarrollan una terapia para que los pacientes que han tenido un trasplante de riñón no rechacen el órgano trasplantado y puedan gozar de una mejor calidad de vida.

Uno de los problemas que existe en este método clínico es que el cuerpo puede generar cierto grado de rechazo al injerto. Por ello, el paciente deberá tomar durante toda su vida medicamentos para que su cuerpo acepte el órgano, dijo la investigadora Gloria Soldevila Melgarejo, del Instituto de Investigaciones Biomédicas.

Estos fármacos conocidos como inmunosupresores tienen la función de bloquear las defensas naturales del organismo, en mayor medida la defensa de los linfocitos T (glóbulos blancos encargados de la respuesta inmunitaria).

De acuerdo con la información difundida por UNAM Global, la experta indicó que a mediano plazo, la terapia funciona entre 11 y 14 años, tiempo de vida media de un trasplante de paciente cadavérico o vivo, respectivamente, después necesitará un nuevo trasplante.

Dichos medicamentos también traen efectos secundarios, mismos que pueden provocar problemas cardiovasculares y metabólicos, daños al riñón y otros órganos.

La experta detallpo que la investigación denominada “Establecimiento de un Protocolo para Expansión y Generación de Células T Reguladoras con Función Supresora Estable y Potencial Terapéutico de Trasplante”, intenta sustituir la terapia de inmunosupresores por una más específica y de forma natural.

En ese sentido, refirió que hay dos metodologías, la primera consiste en extraer las células T reguladoras del individuo para posteriormente reintegrarlas en el paciente de forma intravenosa y así suprimir las células alorreactivas que intentan rechazar el injerto.

La segunda opción, es tomar los linfocitos T vírgenes, se cultiva y se programas para que se conviertan en células T reguladoras y evitar que rechacen el injerto.

Ambas metodologías son posibles terapias, resaltó, “pero debemos garantizar que las células que expandimos o convertimos a largo plazo puedan ser implantadas en el individuo sin perder su función. Para ello, debemos demostrar bajo un ambiente de inflamación (como sería la presencia de citocinas pro-inflamatorias) que no pierdan su función supresora”.

La investigación que se realiza con la colaboración del Departamento de Trasplantes del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, busca comprobar que la terapia no causa ningún daño al organismo.

Pulso Político On Line/ Notimex / Foto: Internet

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