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Afiladuría Leura, 126 años de existencia

* Con 126 años de existencia, afila desde un bisturí milimétrico hasta una sierra industrial

El filo, entendiendo por ello el borde agudo de un objeto con el que se puede cortar de manera exacta, regular y contundente, y los beneficios que con él se obtienen, está presente en la vida cotidiana del ser humano desde hace dos millones de años.

La vida, como la conocemos, simplemente no podría ser sin los objetos filosos. Son imprescindibles en la confección de cortinas, calzado, alimentos, muebles, cuadernos, ropa, autos y en todo.

Para elaborar los objetos de ornato o de uso diario que nos rodean, es necesario una herramienta afilada, ya sea cuchillo, guillotina, serrote, tijera, machete, pinza, broca, sierra o un sinnúmero de herramientas más, en el campo o en las ciudades.

Consciente de todo lo anterior, el bisabuelo de Alejandro Iván Leura Zepeda, (Ciudad de México, 1969) fundó en 1890 en la calle Puente de Peredo, dentro del perímetro conocido hoy como Centro Histórico, la Afiladuría Leura, que a la fecha es uno de los menos de 15 establecimientos especializados como ése que existen en toda la geografía de esta capital.

Cuenta con máquinas importadas de Estados Unidos, Suecia y Alemania, además de una muy especial, que su bisabuelo diseñó y construyó a partir de trozos de rieles de tren y otras piezas donde montó la parte afiladora. Eso refleja que dentro del mismo local, conversan sin problema la tradición y la modernidad, lo artesanal y lo sofisticado de la tecnología.

De los 126 años de su existencia, la afiladuría permaneció en esa calle alrededor de cuatro décadas y media, y el resto, aproximadamente 80 años, en su domicilio actual, en la calle de López 107, casi esquina con Las Vizcaínas, también Centro Histórico.

Ahora ya suma cuatro generaciones: El bisabuelo, el abuelo, los tíos, y hoy Alejandro Iván y su hermano.

“Todo mundo necesita una herramienta afilada, desde la ama de casa que trae el cuchillo de su cocina, hasta el neurocirujano que le afilo la broca con la que interviene un cráneo humano; desde un pollero que necesita unas tijeras al punto, hasta un campesino que sin un buen machete no puede trabajar en el campo”, dijo Leura en entrevista con Notimex.

Instalado detrás del mostrador, rodeado de vitrinas y aparadores centenarios; máquinas y herramientas con las que ejerce su oficio, Alejandro Iván se dijo contento. “Lo básico es hacer bien las cosas. Un utensilio de trabajo bien afilado es fundamental para hacer adecuadamente el trabajo del sastre, peluquero, zapatero, carnicero, mecánico o dentista”.

Para eso se vale lo mismo de un esmeril que sirve para afilar cuchillos o tijeras de tamaño mediano, que de una troqueladora, una lijadora, una afiladora o de diamantes que dan un acabado fino a instrumental médico y odontológico; su clientela es totalmente ecléctica y variopinto el trabajo que le encargan los clientes ancianos y jóvenes, conocidos y nuevos.

“Lo bonito de ser afilador es hacer bien las cosas. Mucha gente nos llega a confundir con un afilador de la calle, sin embargo, somos muy distintos porque en la vía pública carecen de maquinaria de precisión y el trabajo es burdo. En cambio aquí damos el terminado que dan las fábricas de las diversas herramientas para cortar”, abundó en sus comentarios.

Un chef, por ejemplo, exige que sus cuchillos, caros, tengan el filo más fino que pueda existir, y si confía esos utensilios a un afilador que va por las calles, se lo podrían echar a perder. En cambio, si se afilan con maquinaria tecnológicamente correcta, esos cuchillos van a mantener el filo con el que salieron de la fábrica, explicó enseguida Leura Zepeda.

A lo largo de 126 años, la Afiladuría Leura ha cursado anécdotas, algunas agradables y otras no tanto. “Fue escenario de la película ‘Los olvidados’, drama policial dirigido por el cineasta Luis Buñuel en 1950 en los estudios Tepeyac y varias locaciones del entonces Distrito Federal”, recordó el entrevistado, quien guarda fotografías de esa experiencia.

Sin embargo, añadió inevitablemente, en cierta ocasión llegó hasta el negocio un tipo, quien solicitó le afilaran un cuchillo de características muy peculiares. “A los pocos días, a través de la prensa nacional, nos enteramos que esa persona, con ese cuchillo había asesinado a una o varias personas”, recordó Leura, a quien todavía se le enchina la piel.

Sergio Urrutia, uno de los más destacados cirujanos de la Ciudad de México, asiste con regular frecuencia para afilar su instrumental. El chef personal de Carlos Salinas de Gortari, cuando éste era presidente de México, iba con su cuchillería a solicitar servicios de la dinastía de afiladores, y junto a ellos, el ejército de polleros que laboran en la zona.

El entrevistado tiene 47 años de edad y desde los 15 está en este negocio. Con una hija y un hijo pequeño, vislumbra un feo panorama en el que se podría perder la tradición laboral familiar. El local y todo lo que hay en él, sin embargo, bien podría convertirse en un museo especializado, por la historia, mobiliario y máquinas que con orgullo resguarda.

Pulso Político On Line / Notimex

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